viernes, 20 de agosto de 2010

PEDAGOGÍA EXPERIENCIAL


Pedagogía experiencial

La existencia personal es una historia única que como tal sólo puede revelarse en el encuentro interpersonal; en la convivencia y en la narración: la única forma de entender la fuerza, sentido y dinámica de las experiencias de vida de nuestros alumnos es en nuestras propias experiencias. La pedagogía es “pedagogía experiencial”. Pues bien, nos apropiaremos de una distinción que hacía Ignacio Ellacuría respecto tres momentos éticos, para aplicarlos como principios metodológicos de lo que llamaremos “Una Pedagogía Experiencial”: 1) hacerse cargo de la realidad, 2) cargar con la realidad y 3) encargarse de la realidad.

1. «Hacerse cargo de la realidad» implica entender una situación real que tenemos ante nuestra mirada; tener claridad sobre los elementos que conforman e influyen en esa situación, en cómo se conjugan esos elementos- Implica que, como educadores, que debemos conocer la situación en que se encuentran nuestros educandos, sus mundos, intereses, temores, agobios, fortalezas, debilidades, oportunidades, aspiraciones…

2. “Cargar con la realidad” implica determinar y analizar los distintos grados de responsabilidades que se articulan en una situación; distinguiendo entre causas, influencias y condiciones. La causa es la determinante. Si no tienes el don o virtud del canto, por ejemplo, jamás podrás cantar bien, aunque tengas la oportunidad de acceder a los mejores maestros de canto. Pero si cantas bien, la causa es tu don y tu esfuerzo por realizarlo; el maestro ha sido una buena y a lo mejor gran influencia o apoyo positivo, que ha facilitado la acción de la causa que es siempre íntima; pues somos libres. Ahora bien, podrás saber cantar; pero si estás afónico o estás en un recinto donde se debe guardar silencio; hay que esperar o hacer algo para que cambien las condiciones. Es claro que por muy sanos que estemos de garganta y hayamos tenido muy buena escuela, sin don y amor por el canto, no cantaremos como deberíamos hacerlo. Análogamente, sólo una vez que tengamos claridad sobre las causas, influencias y condicionantes de las situaciones que marcan la historia de vida de nuestros educandos, estaremos en condiciones de “encargarnos de la educación de ellos”

3. “Encargarnos de la realidad” implica estar en condiciones de poder asumir una responsabilidad frente a quienes nos hemos comprometido. Es el momento de responder, de asumir la propia responsabilidad; de tomar las riendas para guiar a quienes nos corresponda por buenos caminos y, si no existen, construirlos. Es el momento de buscar o crear un buen material que resista los embates negativos y otorgue seguridad a educandos y educadores. Es el momento de liderar para instar a otros a colaborar en la misma ruta. De algún modo, si mi alumno fracasa, yo fracaso…
“La responsabilidad es siempre proporcional a la dignidad. La dignidad de quien consagra su vida a orientar a niños y jóvenes es muy alta. Se hace responsable del futuro de estas personas y, consiguientemente, de la sociedad” , afirmaba Alfonso López Quintás y Gustavo Villapalos. Antes de hacernos cargo de otros, debemos hacernos cargo de sí mismos.
Entender o entendernos no es fácil. Por ahora, digámoslo en forma simple: Somos lo que hemos ido haciendo de nosotros a lo largo de nuestra trayectoria de vida; en ello debemos incluir lo que podíamos o debíamos haber sido y no fuimos y lo que podríamos o deberíamos ser y aún no realizamos. Entender el actuar personal, es mucho más complejo que tener a la vista un relato de hechos o datos sobre la vida de alguien. A veces la explicación o comprensión de una actitud, decisión o comportamiento está en la interpretación o sentido que hemos dado en el pasado a una experiencia que, para otros, podría no tener mayor incidencia. Si no lo aplicamos a nosotros, mal podríamos guiar a nuestros alumnos en este hacerse cargo de ellos mismos.

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